24 Ekaina 2024

Estados alterados, conciencia expandida: usos de los alucinógenos en perspectiva cultural

AUTORA // Rosa María Calvo, miembro de Ai Laket!!

Al principio, el ser humano buscaba plantas como alimento, como medicina y, en los casos de las plantas psicodélicas, se les otorgaron diferentes significados. Así, las plantas alucinógenas se han constituido como un hecho histórico cultural humano.

En el campo de la salud-enfermedad desde la perspectiva sociocultural, podemos estudiar diferentes ejemplos de utilización de plantas enteogénicas y/o de acción anticolinérgica.

El chamanismo relaciona un contexto ritual y plantas de tipo alucinógeno para superar algunas dolencias. Algunas de estas plantas son el tabaco, en ocasiones mezclado con harmina, un alucinógeno enteógeno; hongos que contienen psilocibina; cactus cuyo principio activo sea la mescalina como el Lophophora williamsii o peyote, o el Trichocereus pachanoi, más conocido como San Pedro; o la Erythroxylon coca, de donde se deriva la cocaína.

En Europa, la brujería consistía en sistemas desarrollados por mujeres que desempeñaban su oficio como parteras y enfermeras. Entre la herbología de las brujas, se encontraban también algunos alucinógenos como la Amanita muscaria o la ergotamina, un alucinógeno producido por el hongo Claviceps purpurea en el pan de centeno, que se usaría para el buen parir.

Diferentes autores han estudiado la interacción entre contexto, drogas y salud. El principal foco de atención aquí son los cambios neurofisiológicos que se generan de la interacción del individuo, el contexto en el que se da el consumo y los efectos de la sustancia en sí. Quirce Balma (2010, p.9,) reflexiona sobre el potencial de los alucinógenos en algunas cuestiones y afirma que “aún buscamos como científicos, solamente la droga milagrosa, sin darle importancia suficiente a la estimulación neuromental”.

También se ha estudiado el sentido religioso y de cohesión social que estas plantas provocan en determinados contextos. Un buen ejemplo es el Buiti, una religión africana donde el consumo de iboga, Tabernanthe iboga, cobra especial importancia.

La iniciación se da a través de la ingesta de grandes cantidades de iboga y se considera que en este momento el pensamiento es “más elevado”, por lo que recordarlo nos ayudará en momentos complicados a lo largo de la vida.

La iboga también se toma en ceremonias nocturnas llamadas ngozé. Estas son celebraciones en las que se da un importante fervor religioso colectivo en un ambiente distendido, de gozo y de fiesta, donde se produce un estrecho lazo entre sus participantes.

Cabe resaltar que en estos rituales se presta especial atención a la dosificación de la planta, ya que el resultado debe ser positivo, tanto para el individuo como para la experiencia colectiva, ya que, como vemos, la iboga funciona como elemento de cohesión social además de eje vertebrador de su sistema de creencias.

En la actualidad, esta planta ha despertado el interés en el campo de la terapia psicodélica occidental como una posible herramienta en el tratamiento de adicciones, trastornos mentales y traumas emocionales.

En las sociedades industriales, existe un discurso hegemónico de estigmatización sobre estas sustancias, sin embargo, el uso de drogas es la base de la medicación en el campo sanitario. Este estigma parte de dimensiones socioculturales, económicas y políticas, ya que el propio conocimiento científico ha mostrado curiosidad sobre estas sustancias.

En este punto, llama especialmente la atención el LSD por dejarse de lado, a pesar del potencial que presenta y su escasa nocividad. No se atribuyen muertes a causa de los efectos de esta sustancia. Además, los alucinógenos no causan cambios graves en los sistemas cardiovascular, renal o hepático, ni tendrían efecto directo en la transmisión dopaminérgica del sistema mesolímbico, algo más propio de otras drogas que producen dependencia y estados altos de adicción.

El modelo sociocultural aboga por que el fenómeno de las drogas se encuentra inmerso en la relación sustancia-contexto-individuo. Por ello, las variables socioculturales condicionan la experiencia con las drogas. Con esto, lo que en nuestro contexto son drogas, criminalizadas e incluso peligrosas para algunos, son elementos perfectamente integrados en otros contextos culturales.

Teniendo todo esto en cuenta, el presente artículo pretende hacer reflexionar sobre la estigmatización y criminalización en sociedades industriales como obstáculo para el adecuado uso e integración de estas sustancias y la obstaculización del estudio de los efectos positivos del uso terapéutico de las mismas, ya que la criminalización y estigmatización de las drogas no está exenta de conflictos y contradicciones.

Bibliografía:

  • Balma, C. M. Q., Badilla, B., Badilla, S., Herrera, M. M., & Rodríguez, J. M. (2010). Los alucinógenos: su historia, antropología, química y farmacología. Psicogente, 13(23), 174-192.
  • Quirce Balma, C. M.,  (2010). El chamanismo y las drogas enteogénicas/alucinatorias del mundo precolombino. Revista Costarricense de Psicología, 29(43), 1-15.
  • Mansilla, M. D. C. M. (2008). Evolución histórica del consumo de drogas: Concepto, clasificación e implicaciones del consumo prolongado. International e-journal of criminal sciences, (2), 2-30.
  • Nuñez, P. P. (1998). Las drogas en la historia. Revista científica salud uninorte, 13.
  • Romaní, O. (1997). Etnografía y drogas: discursos y prácticas. Nueva antropología, 16(53), 39-66.
  • Samorini, G. (1994). La religión Buiti y la planta psícoactiva Tabernanthe iboga, África Ecuatorial. Plantas, Chamanismo y Estados de Consciencia, Barcelona, Los Libros de la Liebre de Marzo, 175-195
  • Vázquez, A., & Stolkiner, A. (2009). Procesos de estigma y exclusión en salud: Articulaciones entre estigmatización, derechos ciudadanos, uso de drogas y drogadependencia. Anuario de investigaciones, 16, 295-303.
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